Salir de la multipropiedad: cuando la «ayuda» se convierte en otro negocio a costa del afectado
Para miles de personas, salir de la multipropiedad o cancelar una multipropiedad no es una cuestión de comodidad, sino de supervivencia económica. Contratos interminables, cuotas de mantenimiento abusivas y una sensación constante de engaño empujan a muchos propietarios a buscar una salida desesperada. Y es precisamente en ese momento de vulnerabilidad cuando aparecen estructuras que dicen ayudar, pero que en realidad se alimentan del problema.
En este contexto resulta imprescindible lanzar una advertencia clara: especial cuidado con AFEBAN. Esta asociación aparece vinculada a modelos de «adquisición de semanas» que, lejos de beneficiar al multipropietario, exigen pagos previos de miles de euros al propio afectado para desprenderse de su multipropiedad. No se compra nada: se cobra por «quitarse el muerto de encima».
Lo verdaderamente grave es que el administrador de esta asociación es también el administrador de la empresa Semanas de Multipropiedad S.L., una mercantil que se lucra directamente cobrando a quienes sufren la multipropiedad. Es decir, la misma persona controla la supuesta «ayuda» y el negocio que factura gracias a la desesperación del multipropietario. Esto no es una casualidad administrativa: es un conflicto de interés obsceno.
Hablar de ayuda en estas condiciones resulta, como mínimo, insultante. Cuando una asociación se presenta como defensora del consumidor mientras su dirección obtiene beneficios económicos directos de ese mismo consumidor, la palabra «ayuda» pierde todo significado. Lo que existe es un modelo perfectamente diseñado para monetizar la desgracia ajena.
Esta realidad afecta a numerosos complejos turísticos como Ogisaka Gardens, Jardines Paraisol, Campanario de Calahonda, Suites Salou, Aldea del Mar, Garden Lago, Village Cala d’Or, Cala Pi y Eucanada Club, todos ellos pertenecientes a Ona Grup. En estos complejos, miles de propietarios llevan años intentando salir de la multipropiedad sin recibir información clara, honesta ni desinteresada.
El patrón se repite: el afectado busca cancelar su multipropiedad y termina atrapado en un segundo círculo de pagos, esta vez a intermediarios que prometen soluciones «definitivas», «seguras» o «garantizadas». El resultado, en demasiados casos, es una nueva pérdida económica y la misma situación de partida.